Solo otra noche, acompañado de ti.
domingo, 26 de enero de 2020
Cotidiano.
Apenas tocaste la cama y me empecé a hundir en la arena movediza de un remordimieto galopante. La tosca luz de la lámpara de noche, roja, hambrienta y expectante, y tu al lado, flotando en la arena, mordiendo tus uñas, tragando palabras que moriran en el vientre.
Llegue a amar a Ted Bundy
Alguna vez ame a Ted Bundy:
Lo amaba, cuando me miraba, cuando me tocaba, cuando me hacÃa el amor, era de él, y él era mÃo. Yo lo amaba, cuando en la mañana despertaba, y me miraba, cuando sus dedos, manchados con sangre de la pequeña de 12 años, merodeaba en mi cuello.
Cuando Molly y él jugaban, siempre quiso que Molly fuese una reconocida artista de la pintura. Coloreaba con ella, haciendo árboles y casas, quizás lo amé sin darme cuenta le mostraba a mi hija el lugar donde yacÃan otras mujeres, adornando con pasto verde y un sol sonriente.
Debà darme cuenta de sus actos, cuando llegaba a casa, no encontraba labial en su camisa, pero de seguro tuve que haber olfateado el sollozo moribundo de una cabeza aplasta por un tronco.
Y el me besaba y de su boca salÃan promesas y poemas, y yo sin saber que con la misma mordÃa los cuellos de chicas mientras las violaba hasta casi arrancarles pedazos de cuajo. Cuando estaba dentro de mi, y yo lo debaja hacerme el amor, y horas antes alguna chica moria con la sensación de su verga quemando su sexo y sus manos apretando su cuello.
Llegue a amar a Ted Bundy, y amor ardÃa, y quizás él supo cuánto, cuando la electricidad pasó por cabello aquel Viernes en Florida, dejándolo chamuscado.
El me habrá amado a mi?
Yo ame a Ted Bunddy.
Lo amaba, cuando me miraba, cuando me tocaba, cuando me hacÃa el amor, era de él, y él era mÃo. Yo lo amaba, cuando en la mañana despertaba, y me miraba, cuando sus dedos, manchados con sangre de la pequeña de 12 años, merodeaba en mi cuello.
Cuando Molly y él jugaban, siempre quiso que Molly fuese una reconocida artista de la pintura. Coloreaba con ella, haciendo árboles y casas, quizás lo amé sin darme cuenta le mostraba a mi hija el lugar donde yacÃan otras mujeres, adornando con pasto verde y un sol sonriente.
Debà darme cuenta de sus actos, cuando llegaba a casa, no encontraba labial en su camisa, pero de seguro tuve que haber olfateado el sollozo moribundo de una cabeza aplasta por un tronco.
Y el me besaba y de su boca salÃan promesas y poemas, y yo sin saber que con la misma mordÃa los cuellos de chicas mientras las violaba hasta casi arrancarles pedazos de cuajo. Cuando estaba dentro de mi, y yo lo debaja hacerme el amor, y horas antes alguna chica moria con la sensación de su verga quemando su sexo y sus manos apretando su cuello.
Llegue a amar a Ted Bundy, y amor ardÃa, y quizás él supo cuánto, cuando la electricidad pasó por cabello aquel Viernes en Florida, dejándolo chamuscado.
El me habrá amado a mi?
Yo ame a Ted Bunddy.
Tragedias de sábados nocturnos.
Cuando se termine la función y salgas a la calle, la nieve debajo de tus zapatos y los copos destellando en tu cara, el siniestro brazo que te acompaña, no duda, en recordar, fangoso momento.
El climax de una tragedia se viene gestando desde hacÃa 40 minutos, a media pelÃcula, cuando la infidelidad cinematográfica empapó bordo bajo sus pestañas.
No dura más lo que se mantiene atado con cinta, y la virulana solo raspa hasta que se llena de mierda. Y ahà vas a seguir tu, orgullosa y letal, que cuando no escupes veneno, lo lloras, y lastimas tu fugaz carita.
El climax de una tragedia se viene gestando desde hacÃa 40 minutos, a media pelÃcula, cuando la infidelidad cinematográfica empapó bordo bajo sus pestañas.
No dura más lo que se mantiene atado con cinta, y la virulana solo raspa hasta que se llena de mierda. Y ahà vas a seguir tu, orgullosa y letal, que cuando no escupes veneno, lo lloras, y lastimas tu fugaz carita.
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