lunes, 6 de abril de 2015

A la morena.

Y si, tengo una nostalgia que me carcome desde la vísceras hasta el cerebro, pero amor, musa inmortal, no te ofendas, es una melancolía de no verte, no sentirte, no respirar tu aire ni verte bailando al piano luego de pasar una velada mañanera con tu silueta.
Me encierro en mis libros llenos de polvo buscando adentrarme en la conciencia de otra persona solo para olvidarte por un segundo, pero no puedo, hasta para ellos existes, claro, con otros nombres; en uno te llamas Dulcinea, en otro Helena, en otros eres paz, amor, destrucción enredada en una melena. Muchacha de piel manchada de negro, deja que me hunda en tu pozo y beba el néctar, deja que descanse sobre la montaña de tus pechos, que serpentee mi mirar en busca de tu ombligo divino y que mis dedos incineren el pasar hacia tus nalgas.

Déjame romper el encanto de otras lunas pasadas para poder cumplir el ideal de amor, amor libre, amor justo, el amor de tus piernas con el amor de mis palmas.

Dame tu mano, recorramos el mundo
Dame tu mundo, perdernos en las manos

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