jueves, 28 de abril de 2022
Me gusta.
Amo esos pequeños de la rutina que invocas cuando estamos juntos. Me gusta cuando acompañas el desayuno con tostadas, mermelada y besos. Cuando haces que la cama de dos plazas, se sienta como un desierto y en tu abdomen encuentro el oasis de fervor, tambien lo amo.
Que de vez en cuando se me llenen los ojos de lagrimas, y siempre estas ahi, con las ondas azabaches que son tus cabellos cubriendo una tierna sonrisa. Es curioso, tambien amo eso.
Y que al final disipes la soledad y oscuridad que me asola en los ratos sin ti, pues ahora encontraste hogar, en el valle de mis pensamientos .
lunes, 17 de enero de 2022
Leticia.
¡Spat! Ese fue el sonido que hizo mi mano al estrellarse contra mi cuello. Mire un segundo la palma, y aun en la oscuridad pude distinguir el cadáver del mosquito que hasta hace momentos retumbaba en el auto.
El camino era oscuro, habÃa anochecido hace unos 20 minutos. La copa de los árboles y el follaje hacÃan que el recorrido se sintiera lúgubre y solitario. Mire de reojo, pero no lo suficiente para darle mi atención por completo.
De copiloto estaba Leticia, con su peinado con ondas, y sus aretes largos, haciendo tintinear el pesar que la invadÃa. Quien pensaba que rato antes estaba sonriendo y mirándome con ojos seductores.
El camino de vuelta al hotel fue, por el momento, una copia del camino; oscuro y silencioso. Apenas iluminado por los suspiros y tarareo al compás de la canción que sonará en la radio.
-Sabes? Creo que en el fondo siempre lo supe.
-Cual katana, corto el silencio de forma limpia y metódica. No escatimo en la intensidad.
- Pensé que quizás era parte de una sensación por todo lo que nos pasó últimamente. No se, Mau. No se que pensar. No podÃa mirarla, después de lo ocurrido. Cómo podrÃa siquiera replicarle algo. Pasaron minutos de silencio, el silencio se desangraba de tal estocada.
-Eres una mierda, una basura. Todos tus planes, todos tus objetivos. Nunca fueron tuyos. Solo intentas que los demás sean exitosos, para cubrir tus fracasos.
- No voltee a verla, pero desde el rabillo del ojo, vi como me miraba, sus pendientes actuaban como péndulos marcando una radiestesia con el fin de detectar mis mentiras, mi cobardÃa.
-No quiero hablar. Cuando lleguemos al hotel, tomaré mis cosas y me iré de vuelta. No tienes que explicar mucho. Entiendo tu punto de vista.
-Solo eso tienes que decirme? Después de todo esto? Se suponÃa que este viaje fuese especial. Se suponÃa que yo era la chica a la que juraste amor, lealtad. Ves este anillo? Tu me lo diste a mi. - Voltee a verla, no cruce sus ojos, solo fui turista por segundos de sus dedos, su mano morena, aun bronceada, exhibÃa un anillo con un modesto cristal incoloro que brillaba aun con tan poca luz.
- ¿Crees que esto me hace feliz? Un anillo caro, un viaje a las montañas. unos zapatos de marca? Todo esto es una mierda, una mierda como lo eres tu. Como lo son todos- Se descalzó los zapatos y los tiró por la ventana. El bosque estaba tan callado que puedo jurar que el golpe del calzado contra el pavimento retumbó aun en el auto. Un silencioso sollozo se extendió en la cabina del auto.
-Me lo juraste. Me juraste que era algo del pasado. Y ahà está, me diste la razón, siempre me la das con el tiempo. No pude resistirlo más.
- Leti, por favor, créeme. No volverá a pasar, fue solo un error, una apuesta, no pensé que podrÃamos perder tanto. Solo queria disfrutar de nuestros dias.
- Recorri su rostro, el maquillaje se habia empezado a difuminar, y sus ojos negros relampagos, centellaban de odio y tristeza. -PodrÃamos? Podriamos una mierda. Perdiste tu solo, yo no. Pedazo de basura. Siempre fuiste eso, por eso te aislas en tus libros de mierda. Todo es una mierda. Estoy cansada de ser quien lleva los pantalones, estoy cansada de disimular con los demás que estás trabajando en algo espectacular, cuando en casa solo bebés y terminaste de llevarnos al derrumbe, por un error del pasado. Que maldito error, te dije mil veces, si vas devuelta, dejame por completo. Y ahà ,estás ilusionándome, para destruirme nuevamente. Ahora yo también estoy manchada por tu vergüenza.
-Pero amor, te juro que no volverá a pasar. - Las lágrimas se agolpaban en mis cuencas oculares. Voy a trabajar, voy a volver a ser el de antes. Recuerdas cuando nos conocimos? Cuando me dijiste que tú y yo llegarÃamos lejos? - RompÃ, afuera, el camino se transformaba en una viscosa agonÃa, con el camino oscuro, el pavimento siendo absorbido por la tierra de la montaña y la lluvia tocándome la puerta, como queriendo deshacerme con su repiqueteo. - Solo una oportunidad. Es lo que te pido. Te daré todo, mi contraseña del teléfono, regalos, pasar tiempo contigo y las niñas. Soy yo, mÃrame. - Le extendà mi mano derecha, para consolarla y tocar su rostro. Un fuerte golpe, y unos ojos impregnados en malicia.
- No me toques, enfermo. Tu no eres la persona que conocà al principio. Eres alguien débil, asqueroso y fracaso. Y tendrás que pagar por esto. Cuando lleguemos al hotel, voy a llamar, no verás más a mis hijas, a mi, solo te queda esperar la sentencia de tus actos.
-No, no, no! No me dejes Leticia, seamos un equipo. Seamos por favor los amantes del pasado. - QuerÃa abrazarla, querÃa atraerla hacia mÃ, QuerÃa sentir su boca empapándome de besos. QuerÃa recuperar lo que perdimos hace horas, esa sonrisa. El mensaje en mi teléfono, la vista perspicaz de ella, el restaurante gourmet. Una secuencia dantesca.
-No, no suéltame! no me toques, no, apártate pedazo de enfermo. Tus manos están manchadas, están sucias, ¡las ensuciaste otra vez! - Ella gritaba histérica, no dejaba de forcejear. No preste atención. Solo querÃa recuperarla.
- Mauricio!! ¡Adelante! El auto salió disparado, solo sentà el malestar en el estomago, como cuando un avión despega. Fueron segundos, desde el parabrisas miraba al cielo. La oscuridad de la noche, y las estrellas que reflejaban la luz de los focos del auto. Mire a Leticia, su cara estaba trastornada, los ojos grandes y la boca abierta, las lágrimas flotaban en la inmensidad del espacio. Y cuando intentó sujetarse a algo, el anillo volvió a guillarme con un reflejo. Nunca deje de ver a Leticia, aun cuando lentamente su cara se astilló con los vidrios, y su tórax fue atravesado por un árbol doblado.
Ella me miró un segundo con ojos arrepentidos y cuando iba a decir algo, se activó la bolsa de aire... Me incorpore a la cama de un solo salto.
El sudor recorrÃa mi cuerpo desde distintos ángulos. Como buscando de qué forma llegar más rápido a volver a reposar sobre la cama. La habitación seguÃa oscura, solo pasaba la luz sobre la ventana adornada. Tome aire, llene lo más que pude mis pulmones, extendi devuelta lo tomado. Me limpie la frente, y sentà algo rasposo. En mi mano habÃa tierra, miré extrañado, y me di cuenta que la sábana blanca estaba llena de hojas secas, tierra y sudor. Y entre todo eso, como una pista, estaba el anillo de Leticia, tenÃa una mancha marrón, sangre seca salpicada en el cristal.
-Leti, leti? Amor, dónde estás? Leticia! -Empecé a gritar, me levanté, y recorrà la habitación. VacÃa, solo era acompañada por la cama y un inodoro. Me acerco desesperado a la puerta. Barrotes la protegÃan. - Leticia? Leticia? Ayuda! ¿Dónde estoy? Leticia dónde estás?
Desde afuera de la celda, estaba en una placa el nombre, el número de prisionero y la razón del delito.
Homicidio culposo. Homicidio en tentativa con agravante de crueldad.
El prisionero Mauricio Franco. HabÃa llegado a la Prision Estatal Clive Port hace 3 semanas. TenÃa amnesia, no se sabe que lo produjo.
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