A lo lejos los autos dejaban la estela sonora característica de una ciudad que no para, de vez en cuando se adornaba esa melodía con un ladrido cercano o un repentino “TAXI” que gritaba algún hijo de puta que iba tarde a algún lugar. De todas formas, todos iban al paso inmutable y sordo del tic toc que marcaba el reloj de la habitación.
Se encontraba en el medio de la sala, como vigilante, como marcando el ritmo de cualquier situación, remarcando que, por mucho que lo intentes, puedes huir a tu pensamiento, puedes inclusive pellizcar tu mano y distraerte con el dolor, el tiempo, las manecillas demandantes nunca dejaban de girar.
Tic toc, tic toc, tic…….toc.
-Alexander? – Pero ese nombre fue se cortó en tres partes cuando las agujas anunciaban su salto entre segundo y segundo.
-Alexander, sé que debe ser difícil. Tienes algún conocido que quiera recogerte? En estos momentos la compañía puede ser de buena ayuda.
La blancura inocua de la habitación, solo daba un escenario más que frio. Ahí estaba yo, sentado en una silla de 65 dólares, con las manos juntas, pellizcando mis dedos para despertar, pero el crepitar de la lámpara en la pared solo llamaba mi atención, y la mancha oscura en la radiografía palpitaba, y mientras la veía, solo podía pensar en un hipopótamo, una nube en forma de hipopótamo. Me recordaba a aquella tarde en el parque con Sofía, con esos labios pintados hacia que hasta la más blanca de las nubes se ruborizara. Podría Sofía ruborizar esta nube en forma de hipopótamo? O el tumor cerebral que indicaba la radiografía era suficientemente oscura como para pasarlo por al lado sin siquiera notarlo?
-Entiendo doc, no hay ningún problema. Cuatro meses de vida como mucho? Hay posibilidad de que sea un error o que la maquina este averiada?
– La sonrisa nerviosa se dibujó como el intento de un epiléptico a la pintura, llena de garabatos y sin forma concreta.
El doctor García dudo un segundo, finalmente, después de que el reloj lo acompañara con una magistral sonata de suspenso en sus movimientos de agujas. – Creo que lo mejor es que te tomes un par de días para reflexionar. Tenemos muy buenos centros para tratar el diagnostico, tratar de mitigar los malestares y el dolor. – Siendo francos, desde su silla, la luz de la lámpara donde mostraba mis resultados y su barba larga y llena de canas, lo hacía pareces un juez celestial, la luz le apoyaba desde atrás y su bolígrafo escribía en el papel como una maza.