No sabÃa que en tu cuerpo encontrarÃa un Londres.
Paseando por las calles de tu cintura me detuve un momento a apreciar tu ombligo, iluminado tenuemente por la vela con complejo de farol. Soy yo o empezó a gotear? Baje por la ladera del vientre y me encontré entre tus piernas, hice un picnic en el valle de tu sexo, que hermosa sensación la calidez con la que me cubrÃa tus muslos.
Se me hacÃa de noche, tome el primer trineo y unos sabuesos jalaban de el, nos detuvimos en la meseta de tus senos, descanse un poco y de ahà escuche a la tierra palpitar, que rebosante de vida estás...
No hay que perder el tiempo, ya casi amanece. Deje a los canes descansar en tu cuello, cuidando del brillante collar que te pusiste la segunda vez que nos vimos. Bebà de tus labios, un sabor dulce me revitalizo, y Justo cuando el sol salÃa, lo vi a través de tus ojos, y ellos me miraron, y la mañana prometió seguir explorando tus maravillas.
Que hermosa coincidencia fue la de ese mensaje.