lunes, 2 de noviembre de 2020

Mala compañia.


 Se escuchaba el tecleteo en la laptop y mi murmureo que iban repitiendo las palabras que iba escribiendo. La noche era cálida pero corría una linda brisa de una primavera perpetua.


En la sala solo estábamos Alicia y yo, y a pesar de que nos llevábamos mal, esa noche, el silencio que acompañaba al otro, se sentía realmente reconfortante. 


Alicia era amiga de mi hermana; una chica de largo cabello negro oscuro que junto con su hermana, tenían el hábito de quedarse en mi casa de aquel momento porque quedarse en la pensión que pagaban les pareció aburrido e insípido. Por lo que siempre era una eterna pijamada sus visitas.  Aquella velada en particular me enfocaba en realizar una investigación para el posgrado. Alicia con una blusa de pijama y unos pantaloncitos cortos y apretados enseñaba sus piernas largas y esbeltas en esa penumbra que era la sala de estar. 


Aquellos días no nos llevábamos bien, de hecho, era una persona antipática y sarcástica. No me gustaba eso. 


Me sorprendió cuando rompió con el silencio de estudio para preguntarme por mi día, en lo que investigaba y cómo usarlo en la práctica. Fue una corta y simpática charla, nos sentimos bastante conectados en algo tan simple como trivial. Realmente ahora que la veía de frente y con atención, note por primera vez - o quizás su antipatía me cegó las veces que la veía - sus grandes y expresivos ojos negros. Que hacían contraste con su rostro blanco y terso y su cabello azabache que recorría su espalda hasta sus nalgas. 


-Ali, yo te caigo mal, o hay algo que no te guste de mi? O eres así de odiosa con todo el mundo? 


-No se, solo me sale contigo. La verdad es que no es nada personal. - Ni una pizca de amabilidad, era la misma chica insípida de siempre, pero esta vez detecté que las palabras las arrastraba de forma dulce y seductora de su lengua a sus rosas labios. 


-Bueno, mira, te lo dire de la única forma que se me ocurre. - dije yo con ímpetu y con tono bastante pedante - Yo se que estás enamorada de mi, pero te haces la dura. Yo paro el estudio por hoy y me voy a mi cuarto a dormir, y cómo estoy seguro que vendrás conmigo, te voy a dejar la puerta abierta. Y si no vienes, hagamos como si nada, y podemos seguir con el juego de ser enemigos. 


Mis apuntes y mi laptop se cerraron del mismo lado y del mismo modo. Todos dormían en casa, y no me había percatado que nos estuvimos susurrando ese corto periodo de conversación que tuve con aquel pecado ambulante. Cuando me puse de pie, me acerqué a su rostro y le di un beso de buenas noches. 


La habitación, oscura y fría, parecía ser un cómplice siniestro que en el silencio, se unía al trío de vergüenza y el vuelco en el corazón que se forma cuando te lanzas al vacío. 



La oscuridad era lastimada por la luz que emanaba la aún encendida sala de estar, que entraba por la entreabierta puerta, que se asomaba como la coraza hacia otro lugar. Puede ser que esa ya no era mi habitación, quizás no era ni mi tiempo. ¿Donde estaba? ¿Y porque me anime a ofrecerle tan descarada propuesta a aquella chica cuya existencia solo registraba como un ocurrente inquilino en casa? 


Mentiría si les dijera que no estaba nervioso. El tiempo pasó lento y un desagradable sentimiento me dominó en el centro del corazón. Me recosté del lado izquierdo de la cama, dejando un lado para mi invitada, sea la ansiedad, sea Alicia o sea un vago recuerdo de antaño. 


De pronto, el rincón al que miraba a través de la oscuridad fue tragado por completo.  Desde afuera se escuchaban pasos. Listo, hasta mi corazón de paro, intrigado por saber que giros iba a dar la noche. 


Sentí un ligero recostar a mi lado reservado para las malas decisiones, no voltee inmediatamente. Lo fui haciendo poco a poco, con una sonrisa timida. Y ahí estaba Alicia, no la veía, pero su largo cabello se le desparramaba con los costados, acariciando mis piernas. Sin decir nada nos besamos, un beso largo y lento. Bajo sus manos y tocó mi sexo, su lengua jugaba y sus manos frotaban. 


Terminamos en el sofá donde inicio todo. Su desnudez, la oscuridad y el silencio forzado. Dando inicio de una temporada de mala compañía.