No me gustan las moscas y su hipócrita vuelo sobre las heces.
Con el retumbar de sus diminutos aleteos, me levanté de golpe, una cucaracha caminaba sobre mi frente, me la saque de un manotazo, y cuando cayó al piso, se desparramó en otras cucarachas.
Con el retumbar de sus diminutos aleteos, me levanté de golpe, una cucaracha caminaba sobre mi frente, me la saque de un manotazo, y cuando cayó al piso, se desparramó en otras cucarachas.
Y mira que todas las noches, vuelvo a ese lugar; las moscas retumbando alrededor del aluminio, impactando sobre él material haciéndolo sonar como lluvia, una nefasta lluvia, una lluvia de cucarachas.
Y al fondo, se escuchaba el lejano gemir de la criatura, y yo me acerqué, mis piernas se movían solas y los gusanos empujaban mis zapatos. Tome el mango de la tapa, las moscas golpeaban de tal forma la tapa, que caían pulverizadas a la cera fangosa, y siempre pienso que es una señal, que empujan para evitar que aquello coja aire, o a mi. Y ahí estaba, lo vi en la oscuridad, y de la oscuridad, me viste de vuelta.