viernes, 14 de junio de 2013

Elocuencia.

Su rostro:

Su rostro que me hace perderme en el mar de sus labios. Que me hace admirar la noche oscura de sus ojos. Que me hace inhalar el aire que entra en sus fosas nasales. Que me hace querer manejar sutilmente la porcelana que es su piel. Que me hace recorrer el camino de sus cejas.

Su cabello:

Su cabello es el bosque tranquilo y hermoso que cualquier mamífero desearía. Es claro como las arenas pero frondoso como un jardín de tulipanes. Es chistoso cuando se le hacen ligeras ondulaciones, ella odia eso, a mi me parece que es muy atractivo.

Sus manos y sus pies:

¿Que decir de estos? Si el calor que desprenden sus amables manos al acariciar mi cara deja una estela de escarcha en el mismo, a la vez, que sin saberlo, la espió cuando baila sola en el parque, moviendo el viento con sus dedos al son de una melodía. He visto sus pies cuando se hunden tan naturalmente en la arena de las playas, como si su cuerpo tuviera fracciones de arenas que se unen con las de la playa. También cuando cuando intenta hacer equilibrios en la cera del parque, cierra sus ojos y confía en sus extremidades para cruzar una linea imaginaria y llegar a el final del arco iris.

Su espalda: 

Su espalda es blanca y sensible, casi delicada. De lejos se pueden observar como sus lunares (Al parecer puestos adredemente) simulan toda una cantidad de figuras con los que griegos hubiesen sacado millones de hermosas constelaciones. Cuando la beso en ella, trato de recorrer esos lunares imaginando un gran cielo con millones de estrellas.

Su perfume:

Si bien todos tenemos un aroma natural, ella fue acunada por los brazos de Afrodita; su olor es similar a todas las flores del mundo, con un dulzor y una ligereza impresionante, cuando la huelo, es como si todas las mariposas del mundo revolotearan a su alrededor y me llenaran la nariz de ese perfume tan divino.